//aquí la cabecera
enero 15th, 2011

El 14 de octubre de 1964, después de ser depuesto por sus rivales en una reunión del comité central, sobre todo para ser una “vergulenza internacional”, Nikita Khrushchev, que hasta justo entonces era el primer Secretario del Partido Comunista de la Unión Soviética, se sentó en su oficina y escribió dos cartas.



Más adelante, su sucesor, Leonidas Brezhnev, al entrar en el despacho de Khrushchev, encontró las dos cartas, y una nota que Khrushchev había dejado encima:

“A mi sucesor: Cuando en el futuro usted se encuentre en una situación desesperada de la que no pueda escapar, abra la primera carta y haga lo que en ella le digo. Si más adelante se encuentra de nuevo en una situación delicada, sin escapatoria, abra la segunda carta”

Muy pronto, Brezhnev se encontró en una situación delicada, y recordó las cartas. Abrió la primera, que tan sólo decía:

“Écheme las culpas de todo”

Así lo hizo Brezhnev, culpando a Khrushchev de los problemas, y esto solucionó la situación de forma milagrosa.

Sin embargo, unos meses después, Brezhnev se encontró con otro problema del cual no podía librarse. Recordó la segunda carta, y la abrió, para encontrar una solución. La carta decía:

“Siéntese, y escriba dos cartas…”

Share